Ni la ansiedad ni la tensión elevada. Tampoco los problemas dermatológicos o el colesterol. La causa más frecuente de visita al médico es, sencillamente, el dolor.

Se estima que afecta al 15-25% de la población en España, lo cual  implica que lo padecen entre 7 y 12 millones de personas. Hasta el 50% de la población mayor de 65 años refiere dolor crónico, tal y como se recoge  en los Informes y Estudios del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad publicados en 20111. Los pacientes adoptan, cada vez con más frecuencia, posturas de autocuidado, pero siguen acudiendo en busca de ayuda y consejo del experto en el momento en que padecen un dolor no conocido o fuera de sus patrones habituales.

El médico está acostumbrado a ello, y se maneja con soltura, aconsejando uno u otro tratamiento en el caso de patologías agudas o de corta duración. Desde los antiinflamatorios no esteroideos hasta los opiáceos en toda su dimensión, los tratamientos se adaptan a la tipología del dolor.

Sin embargo, el dolor y su paliación deja de ser una prioridad cuando la patología es grave o crónica. Esto supone que en muchos casos queda sin resolver y el paciente lo acaba asumiendo como parte indisociable de su enfermedad. El foco del médico se centra en resolver la propia patología (diagnóstico, tratamiento y recuperación) y, sólo en menor medida, en paliar los síntomas comórbidos de la enfermedad.

En un mundo ideal, en el que hubiese recursos humanos y económicos suficientes, los pacientes tendrían a su disposición un equipo sanitario que abarcase todo lo relacionado con su enfermedad, incluyendo el dolor. Pero, lamentablemente, este no es el caso. Por ello, cada vez más, se habla de aspectos como la educación sanitaria y el empoderamiento del paciente. Los pacientes se implican y son corresponsables de las decisiones que se toman en relación a su enfermedad. Esto les permite ser más exigentes en cuánto a la cobertura de síntomas como el dolor.

Para ser justos, la responsabilidad no recae exclusivamente en el personal sanitario y en los pacientes o sus cuidadores. La industria farmacéutica, como actor comprometido en el sector de la salud, debe pensar en soluciones para el tratamiento del dolor, y también en colaborar en el desarrollo del papel del paciente en su tratamiento.

Estamos frente a un auténtico reto sanitario, y social, que requiere del compromiso de todos los implicados, de visión de futuro y de grandes dosis de ilusión, desde la confianza en que hay un camino valioso que recorrer.

Referencia bibliográfica

 Unidad de Tratamiento del Dolor. Estándares y recomendaciones de calidad y seguridad. Informes, estudios e investigación 2011. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad (consultado 2 diciembre 2016). Disponible en http://portal.sedolor.es/contenidos/100/adjuntos/gnpg34cc.pdf

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José Luis Lirio
Director Hospitales en Ferrer