Introducción de la alimentación complementaria en el lactante: cómo y cuándo

Por sus beneficios en la salud a corto y largo plazo, la lactancia materna es hoy en día la mejor opción de alimentación durante los primeros seis meses de vida. Generalmente, a partir del sexto mes se puede introducir la alimentación complementaria, también conocida como Beikost o alimentación diversificada. Es decir, la administración al lactante de cualquier alimento distinto a la leche materna o fórmula adaptada.

Actualmente se habla mucho de la alimentación complementaria a demanda o ‘Baby-led weanin’. Es una manera de introducir alimentos semisólidos al bebé, permitiendo que éste se alimente por sí mismo, sin usar cucharas ni purés. El bebé se sienta con el resto de la familia a la hora de la comida y se une a los demás cuando está preparado, usando primero sus manos para comer y después los cubiertos. El objetivo es hacer del proceso algo placentero e incorporar al lactante a la dinámica familiar de comidas lo antes posible. Este estilo de alimentación puede contribuir a un mejor desarrollo de la saciedad, reducir la posible aparición de obesidad y cambiar las preferencias de alimentación hacia pautas más saludables.

Las recomendaciones sobre cuándo introducir los alimentos que no incluyen la leche han variado en relación al aumento de incidencia de la enfermedad celíaca, la aparición de alergias alimentarias y el incremento de la obesidad infantil. La Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) recomienda, desde 2008, no iniciar la introducción de alimentos antes de la semana 17 ni después de la 26, tanto en lactantes alimentados con leche materna como en aquellos que reciben lactancia mixta o con fórmula artificial.

¿Cuándo está preparado el bebé?

El lactante sano puede succionar con normalidad casi desde el primer minuto de vida. Sin embargo, no sucede igual con los alimentos sólidos.

Los signos que indican que el lactante puede empezar a recibir alimentos sólidos son el tono axial y el sostén de la cabeza, la coordinación motora entre los ojos, las manos y la boca y la desaparición del reflejo de extrusión, que facilita la introducción de alimentos sólidos en la boca. No es hasta los cuatro meses cuando el bebé ya puede deglutir mejor y sólo a partir de los siete aparecen los movimientos masticatorios, aun cuando todavía no le han salido los primeros dientes.

Antes de los cinco meses el lactante no presenta el reflejo voluntario de deglución, por lo que podría atragantarse al ingerir alimentos sólidos. En general, a partir de los seis meses el lactante también es capaz de sentarse con apoyo y controlar adecuadamente la cabeza y el cuello.

Iniciando la alimentación complementaria

A partir de los seis meses de vida, ya se pueden ir introduciendo diferentes alimentos en la dieta del niño, que ayudan a complementar la cantidad de energía, hierro, vitaminas y oligoelementos requeridos, preparando al lactante para una dieta diversificada. A pesar de ello, a esta edad todavía se le debe seguir aportando leche materna a demanda o fórmula infantil (unos 500ml/día).

Los cereales, purés, verduras y frutas son ricos en azúcares y si se introducen a una edad muy precoz se incrementa el riesgo de desarrollar obesidad infantil y diabetes.

La introducción del gluten debería ser gradual, evitando así introducir altas cantidades de forma muy precoz (antes de los cuatro meses) o tardía (más de siete meses) para prevenir la aparición de la enfermedad celiaca.

¿Con qué alimentos empezar?

Cereales: Si el pediatra lo considera necesario, se puede introducir la primera papilla de cereales a partir de los cuatro meses en bebés con lactancia artificial o de los seis meses cuando sea lactancia materna. Ésta puede prepararse con agua, caldo, leche materna o fórmula infantil. En cualquier caso, la lactancia materna, siempre que la madre quiera y pueda, es prioritaria con respecto a las papillas de cereales.

Primero se deben introducir los cereales sin gluten como el arroz y el maíz, y luego aquellos que tienen gluten en pequeñas cantidades y de forma gradual. Se puede empezar añadiendo algún cacito suelto a los cereales sin gluten o a la fruta, o algún trozo de galleta o pan que el lactante pueda ir chupando.

Papillas de frutas: Conviene empezar con fruta madura, primero con variedades aisladas y luego mezcladas entre sí.

Carne con verduras: Inicialmente pollo y más adelante cordero, ternera, etc.

Pescado: Primero debe optarse por el blanco como merluza, bacalao o lenguado acompañado de verduras.

Más adelante…

Los alimentos como el yogur o los quesos tiernos se pueden introducir a partir de los siete a ocho meses. El yogurt se puede añadir a las papillas de frutas y el queso tierno a las de carne o pescado.

El huevo se puede introducir a partir de los ocho a nueve meses. Primero la yema cocida añadida a cualquiera de las papillas o en las sopas de pasta o arroz, con un máximo de tres a la semana. Una vez aceptada la yema, se puede incorporar la clara cocida.

A partir de los nueve a diez meses se deben ir haciendo las papillas menos trituradas y con más grumos para que el pequeño vaya aceptando nuevas texturas. También se puede desmigar la carne y el pescado para que los vaya cogiendo con sus dedos y se los lleve a la boca.

Las legumbres se recomienda introducirlas a partir de los 10-12 meses e inicialmente sin piel, como las lentejas.

A partir del año se puede empezar a probar el pescado azul, siempre de pequeño tamaño como sardinas o boquerones, por ejemplo.

En cuanto a la leche de vaca, jamás debería administrarse antes de los 12 meses, ya que eleva la carga renal de solutos, generando problemas renales al lactante, modifica el perfil lipídico proporcionando un riesgo innecesario de obesidad, aporta muy poca cantidad de hierro, lo que genera una anemia ferropénica innecesaria, y favorece una sensibilización mayor en pacientes vulnerables o de riesgo, favoreciendo la incidencia de dermatitis atópica y alergias.

En general

No existe un orden único de introducción de alimentos, y la elección es individualizada según la ingesta global del lactante. Pero la introducción gradual y por grupos de alimentos ayudará a detectar posible reacciones adversas.

Así pues, se propone una alimentación complementaria más perceptiva que responda a las señales de hambre y saciedad del lactante, variada, comunicativa, a un ritmo adecuado y en un ambiente relajado que evite o reduzca la aparición de aversiones.

José Francisco Albaladejo's picture
José Francisco Albaladejo
Medical Advisor Ferrer