La pandemia individual

Sólo pronunciar la palabra pandemia ya genera alarma. De alguna manera, evoca la maldición y la desgracia de aquello que los antiguos llamaban plagas. La combinación de un gran número de afectados y un elevado riesgo vital conduce, por un lado, al pánico social y, por otro, a la activación de todos los instrumentos disponibles, sin regateo de recursos, para atajarla.

Se habla de las pandemias ocasionadas por nuevas formas de gripe, el SIDA, e incluso se incluye a la enfermedad de Alzheimer, cuya prevalencia va en constante aumento y que afecta ya a decenas de millones de personas. Los medios, por supuesto, destacan cualquier noticia que incluya el término pandemia.

Les invito a realizar el ejercicio de pasar del todo a la parte, del océano a la gota de agua, de las masas en peligro al paciente afectado. A la persona. Descubriremos, quizá, que existen otras pandemias. Pandemias silentes con una desproporción entre el impacto para el individuo y su entorno social y su capacidad de alcanzar portadas.

Basta un mal cálculo en el chapuzón de una piscina para que la vida de un joven de 20 años quede dramáticamente alterada para siempre. Y la de su familia. Y la de su entorno más cercano. Y la del conjunto de la sociedad. La lesión medular es, según todos los estudios, la enfermedad que genera más impacto social y económico por individuo afectado.

La silla de ruedas es el temido símbolo que primero preocupa a las familias. Pero ni mucho menos es el peor. Me decía un médico que ha dedicado su vida al cuidado de estos enfermos que todos utilizamos ayudas al movimiento para desplazarnos: tomamos  el avión, el coche, las escaleras mecánicas o el ascensor. El lesionado medular “simplemente”’ necesita una más, la silla, y quizá en el futuro el exoesqueleto.

El verdadero problema es el resto: la dependencia, la ausencia de control de los esfínteres, la afectación de la vida sexual, la incapacidad para asearse uno mismo, la falta de sensibilidad corporal, las dificultades de integración laboral. Un tetrapléjico descubre que nunca podrá abrazar.

Si me permiten la transgresión lingüística, la lesión medular severa es una pandemia individual.

Cada año, ciento treinta mil personas en el mundo sufren accidentes que les causan lesión medular. No hay ningún tratamiento farmacológico para ellos. Piensen en una ciudad con 130.000 habitantes. Y cada año añadan otra más.

Sobran dedos de una mano para contar las instituciones o grupos de investigación que en el mundo están realizando ensayos clínicos regulados en lesionados medulares agudos con nuevos medicamentos. Ferrer es una de ellas. ¡Ojalá todos tengamos éxito! Tenemos abordajes complementarios que serán fácilmente sumables en beneficio del paciente.

En Ferrer creemos que la aplicación de una población especial de células madre adultas directamente en la médula lesionada en las primeras horas post-lesión puede evitar la muerte de las motoneuronas y de otros tipos celulares. Esa muerte es la causante de la irreversibilidad de la lesión.  

Los resultados en modelos preclínicos han confirmado la hipótesis inicial y ahora iniciamos ilusionados el ensayo en pacientes en tres hospitales con unidades especializadas en lesión medular. Les agradecemos su ayuda generosa y entusiasta. Esperemos que juntos podamos empezar a controlar esta pandemia individual.

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Andrés G. Fernández
Director Advanced Biotherapeutics