El autocuidado de la salud

“Me parece que he pillado la gripe. Me duelen los huesos y creo que estoy empezando a tener fiebre”

“Pues vete a la farmacia, que te den algo y métete en cama”

Seguro que a muchos de esta conversación nos resulta familiar. Al fin y al cabo, las farmacias forman una parte importante de nuestro sistema de salud y muy a menudo son el primer lugar al que acudimos cuando no nos encontramos bien.  

No es casualidad que, de promedio, un tercio de los productos dispensados en la farmacia sean productos sin receta, a los que genéricamente englobamos dentro del concepto de “autocuidado de la salud”.  Estos productos nos ayudan en muchos momentos: nos evitan visitas al médico para patologías o síntomas banales; nos ayudan a complementar terapias, tratando síntomas asociados a la patología o al tratamiento; y, porque no decirlo también, muchos de estos productos están asociados a un estímulo de compra del “porqué yo lo valgo”, como son los productos de cosmética o adyuvantes para la práctica del deporte.

¿Y cómo se innova en los medicamentos sin receta? Al fin y al cabo, uno de los requisitos para poder ser un medicamento sin receta, entre otros, es que se trate de principios activos con historial de uso ampliamente conocido. Por ello, es obvio que no podemos innovar con nuevas moléculas. Lo que sí podemos hacer es documentar y argumentar suficientemente el cambio de estatus regulatorio de un determinado principio activo para que pueda ser considerado medicamento sin receta. Este cambio suele ser lo que permite un mayor grado de innovación. Aunque con el cambio no es suficiente, hay que hacer esfuerzos de comunicación al consumidor; ahora es él quien decide y es él quien debe recordar la marca.

Hay un cambio de paradigma entre los medicamentos de prescripción, donde lo importante es ganar la confianza del médico en el principio activo, y los productos sin receta, donde lo importante es ganar primero la consideración de compra y, posteriormente, la fidelidad del consumidor. Por ende, algunos factores adquieren especial importancia: el formato, como pueden ser cápsulas, pastillas, sobres, solución oral o sobres bucodispersables sin agua; el sabor o la disponibilidad de distintos sabores; el precio máximo al que está dispuesto a pagar el consumidor; o incluso aspectos que hasta ahora aplicaban a otros sectores como el “sin azúcar”, “sin conservantes”, “sin colorantes” o “sin alcohol”.  También se puede innovar aprovechando las tendencias de consumo, como la popularidad de productos “naturales” o de “origen natural”; por eso la aparición en el mercado de medicamentos tradicionales sin receta a base de plantas.

En definitiva, en cualquier innovación que nos planteemos, las necesidades del paciente-consumidor deben de estar en el centro de cualquier decisión que tomemos.

 

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Joaquim Puigjaner Riba
Innovation Manager Consumer Health